Llegó el año 2013, el año de mi primera formación
Motivado por mi hermana querida, María, me animé a formarme como monitor de gimnasio. Aún pensaba, a pesar de las experiencias pasadas, que la musculación sería mi siguiente nivel para recuperarme completamente.

¿Y qué crees? Funcionó.
Pasé de ser un canijo de 1,80 cm y 55 kg a medir lo mismo (obviamente) y pesar 70 kg.
Ahora corría, saltaba y chocaba jugando al baloncesto sin “ningún” problema.
Parecía el final feliz, ¿verdad?
Pues no.
El espejo que no miente
Años más tarde, mazado y mirándome en un espejo, vi algo que no me gustó.
Cada vez estaba más delgado.
Menos definido.
Con peor forma física.
Mis compañeros de alrededor hablaban de “tienes que tomar”, “inyectarte”…
Y ahí, en medio de ese ruido, descubrí que algo iba mal conmigo y con mi forma de ver el cuerpo.
Porque aunque por fuera parecía fuerte y grande, por dentro era cada vez más pequeño y débil.

Nuevamente el yoga como único punto de mira
Me centré.
Me alejé de todo aquello que no fuese el interior.
Quería sentirme realmente:
- Fuerte
- Ágil
- Feliz
- Completo
- Con menos inseguridades
Ahora bien, mi cuerpo no era el de antes.
Una infinidad de posturas que antes era capaz de realizar se habían escapado de mi nuevo y rígido físico.
Pero no todo era malo: otras tantas posturas de yoga se abrían a mis posibilidades gracias a haber ganado fuerza.
Pero no importaba.
Estaba seguro de lo que quería.
Sabía que todo podía volver.
Y que tenía que aprovechar lo que tenía en ese momento, para realizar el propósito que cada día crecía dentro de mi con más fuerza:
Ayudar a otros a devolverle la salud a su cuerpo.
Pero… “todavía no es el momento”
Sí.
Ese “yo de siempre” volvía a mí.
Excusas y más excusas.
Derrochar el dinero en salir con colegas, cenas, bebida y fiesta.
Algo que aún no conocía —o no reconocía— habitaba en mí.
Una mente pobre y negativa que me llevaba a pensar que las formaciones eran muy caras y que todavía no era el momento o no estaba suficientemente capacitado. Además de no ser capaz de ver que cada mes volatilizaba mi sueldo en estupideces y seguía destrozando mi salud.
Evitaba la realidad.
Escapaba de forma superficial del sufrimiento.
Algo tan peligroso que en nuestra sociedad está completamente camuflado como “buena vida”.
Abran los ojos. Sobre todo los más jóvenes.
¿Entonces qué hizo que tomases la decisión definitiva?
El sufrimiento.
Como tantas veces para tantas personas.
El sufrimiento.
Pero ya me estoy andando por las ramas y la continuación de esta historia la vamos a tener que dejar para el siguiente capítulo…
Así que antes de que te vayas…
te voy a ofrecer un ejercicio que con 20 minutos de práctica, te va a beneficiar más que una hora de gimnasio.
¡Los Saludos al Sol! Todo el mundo del yoga los practica, pero no todo el mundo sabe cómo realizarlos correctamente. Es más, después de 5 años practicando yoga, los aprendí como se debe.
Y tú los vas a tener que saber y practicar también si quieres continuar con esta bella historia.
Saludos al Sol
Los Saludos al Sol son una secuencia de posturas que se repite para preparar al cuerpo antes de hacer las asanas (posturas de yoga). Digamos que es como el calentamiento, aunque también puede comprender una sesión completa ya que, en función de cómo la practiques, esta secuencia puede incluir trabajo cardio respiratorio, de fuerza, resistencia, flexibilidad, equilibrio, coordinación, atención, concentración y memoria.
En general consiste en hacer los movimientos primarios mediante posturas simples, que permiten canalizar la energía a través del cuerpo. En este caso, las energías solares del cuerpo. Las energías Yang.
¿Sabemos que existen varias energías?
¿Ah, que no?
Hablaremos de esto en otros capítulos…
Practicamos Saludos al Sol
Variantes hay cientos de miles.
Pero hoy, utilizaremos la más conocida.
Son un total de 7 posturas o asanas que se repiten en una rueda, tal y como te muestro en el vídeo.
Si tienes curiosidad te paso por aquí el nombre y el orden de cada una:
- Tadasana – Postura de la montaña.
- Urdhva hastasana – Postura de la montaña extendida.
- Uttanasana – Postura de la pinza.
- Asva sancalanasana – Postura de la zancada.
- Bhujangasana – Postura de la cobra.
- Adho mukha svanasana – Postura del perro que mira abajo.
- Asva sancalanasana – Postura de la zancada.
- Uttanasana – Postura de la pinza.
- Uttanasana – Postura de la pinza.
- Urdhva hastasana – Postura de la montaña extendida.
- Tadasana – Postura de la montaña.
La clave que nadie te dice:
En cada una de las posturas, realiza una inhalación para sentir cómo mueves el cuerpo desde adentro.
No es el cuerpo quien respira.
Es la respiración quien mueve el cuerpo.
Y exhala cuando te estés moviendo hacia la siguiente postura.
¿Ahora qué más?
Ahora toca practicar con el vídeo de Saludos al Sol.
Ponerse en forma.
Porque el próximo capítulo ya se está cocinando…
y viene muy rico.
Muchas gracias por seguir este blog.
Por decidir ponerte manos a la obra con tu crecimiento personal y espiritual.
El camino hacia ser la mejor versión de ti mismo ya ha empezado.





